Lo más importante que me traje de Finlandia y Estonia

En este artículo comparto algunas reflexiones y aprendizajes que pueden ayudarnos a pensar el futuro de Rafaela.
 
 
 
ACTUALIDAD15/06/2026Equipo de comunicaciónEquipo de comunicación
Juan Senn Finlandia y Estonia
Juan Senn Finlandia y Estonia

Cuando uno escucha hablar de Finlandia y Estonia, suele pensar en tecnología, digitalización, ciudades inteligentes, startups o inteligencia artificial. Y sí, todo eso está presente. Lo vi en universidades, centros de innovación, organismos públicos y gobiernos locales. Pero después de una semana recorriendo ambos países entendí que lo más importante no era nada de eso. Lo más importante era la confianza.

La confianza aparecía en cada reunión, en cada política pública y en cada institución que visitamos. Y terminé comprendiendo algo que me parece fundamental: la verdadera interoperabilidad no ocurre entre sistemas informáticos. Ocurre entre personas, instituciones y generaciones. La tecnología no crea confianza. La potencia. Pero primero tiene que existir.

Juan Senn con el Embajador de Finlandia, Estonia y Letonia
Juan Senn con el Embajador de Finlandia, Estonia y Letonia

En Finlandia eso se percibe claramente en la educación. Nos explicaron cuál es la base de su funcionamiento: el gobierno nacional prácticamente no inspecciona escuelas porque confía en docentes altamente capacitados y en un sistema diseñado para funcionar con autonomía y responsabilidad.

Los sindicatos docentes participan activamente en la construcción de las políticas educativas junto con los municipios, que son quienes sostienen gran parte del sistema. Son parte del sistema. Son socios en la búsqueda de soluciones.

El resultado está a la vista. Finlandia y Estonia son referencias mundiales en educación. Y no es casualidad que la docencia sea una de las profesiones más valoradas y elegidas por los jóvenes. Allí la sociedad confía en sus maestros.

Juan Senn Universidad de Aalto Finlandia
Juan Senn Universidad de Aalto Finlandia

La confianza también aparece en la forma de gobernar. Me llamó la atención la cercanía entre altos funcionarios y ciudadanos, la horizontalidad institucional y la accesibilidad de quienes toman decisiones.

Pero detrás de eso hay algo más profundo: una cultura anticorrupción que atraviesa a toda la sociedad. No es solamente una política pública. Es un valor compartido.

Por eso sucede algo sumamente destacable: entre las instituciones con mayor confianza ciudadana se encuentran la policía y el organismo encargado de recaudar impuestos. No porque la gente disfrute pagar impuestos, sino porque confía en que esos recursos vuelven en forma de servicios y bienestar.

Juan Senn en SITRA
Juan Senn en SITRA

Uno de los lugares que más me impactó fue Sitra, el Fondo del Futuro de Finlandia, creado por el Parlamento finlandés. Allí escuché una frase que todavía resuena en mi cabeza:

"Nosotros no trabajamos para el próximo presupuesto. Trabajamos para los próximos veinte años."

Esa definición explica mucho de lo que vimos durante el viaje. Mientras en gran parte de América Latina solemos pensar en el próximo mandato o en la próxima elección, ellos planifican capacidades para las próximas generaciones.

No administran solamente el presente. Preparan el futuro.

Juan Senn junto al Alcalde de Vantaa.
Juan Senn junto al Alcalde de Vantaa.

Las ciudades reflejan esa misma lógica. Helsinki, Espoo, Vantaa y Tallin funcionan como verdaderos laboratorios urbanos donde gobiernos, universidades y empresas trabajan juntos para probar soluciones reales a problemas reales.

En A-Grid, principal hub de startups, dentro de la Universidad de Aalto, vimos cómo conviven investigación, diseño, tecnología y emprendimientos. En el Centro de Investigación Técnica de Finlandia  observamos cómo la investigación aplicada se transforma en innovación concreta para mejorar la vida de las personas.

En todos los casos la conclusión era la misma: la tecnología llegó después. Primero construyeron cultura, acuerdos y confianza.

Sin embargo, también me llevé aprendizajes muy concretos que creo que vale la pena debatir en Rafaela.

Juan Senn en Tallin Estonia
Juan Senn en Tallin Estonia

Uno de ellos es el sistema X-Road, desarrollado en Estonia y considerado uno de los modelos de interoperabilidad más avanzados del mundo. Su principal fortaleza es que permite que distintos organismos públicos intercambien información de manera segura y en tiempo real, evitando duplicaciones, simplificando trámites y poniendo al ciudadano en el centro de la gestión.

Mientras conocía su funcionamiento no podía dejar de pensar en nuestra ciudad. ¿Cuánto tiempo ahorrarían los vecinos si las distintas áreas municipales pudieran compartir información de manera eficiente? ¿Cuántos trámites podrían resolverse con menos papeles, menos demoras y menos burocracia?

SITRA FINLANDIA
SITRA FINLANDIA

Rafaela tiene una escala que la convierte en una ciudad ideal para comenzar a trabajar en este tipo de herramientas. No se trata de copiar Estonia. Se trata de adaptar una lógica que funciona: lograr que las distintas áreas del Estado trabajen de manera coordinada, compartan información de forma segura y simplifiquen la vida de los ciudadanos.

La otra herramienta que me impactó fue el concepto de gemelo digital urbano. En términos simples, se trata de una réplica virtual de la ciudad que integra información proveniente de distintas fuentes para comprender mejor lo que sucede y planificar con mayor precisión.

Aplicado a Rafaela, permitiría analizar el tránsito, proyectar el crecimiento urbano, optimizar recorridos de servicios públicos, mejorar la seguridad, monitorear infraestructura, evaluar escenarios antes de ejecutar obras y anticipar problemas antes de que ocurran.

No estamos hablando de ciencia ficción ni de proyectos reservados para grandes capitales del mundo. Estamos hablando de herramientas que pueden adaptarse progresivamente a ciudades intermedias como Rafaela para mejorar la toma de decisiones y hacer más eficiente la gestión pública.

E-Estonia
E-Estonia

X-Road y el gemelo digital urbano tienen algo en común: ambos convierten datos dispersos en inteligencia para la gestión. Y ambos podrían formar parte de una estrategia de modernización del Estado local pensada para los próximos veinte años.

En Estonia esa mirada adquiere una dimensión todavía más estratégica. Durante años fueron líderes mundiales en digitalización. Sin embargo, hoy la discusión ya no pasa únicamente por la eficiencia.

Pasa por la resiliencia.

La guerra en Europa dejó de ser una noticia lejana. La seguridad digital, la protección de los datos y la capacidad del Estado para responder ante crisis forman parte de las prioridades nacionales.

La respuesta de Estonia no fue retroceder. Fue invertir más en educación, más en innovación y más en capacidad estatal.

Por supuesto, sería un error idealizar. Finlandia y Estonia también enfrentan problemas complejos: tensiones geopolíticas, desafíos energéticos, cuestiones de seguridad y dificultades vinculadas a la salud mental.

Pero justamente ahí aparece otra enseñanza importante.

Las instituciones sólidas no eliminan los problemas. Lo que hacen es permitir que una sociedad los enfrente mejor.

Esa es, quizás, la principal reflexión que me llevo para Rafaela y para la Argentina.

Finlandia y Estonia tienen algo que nosotros estamos dejando de lado: una visión compartida de futuro. Necesitamos recuperar ese rumbo inmediatamente. Saben de dónde vienen. Saben hacia dónde quieren ir. Y saben cuáles son los caminos que no quieren volver a recorrer. Piensan en generaciones y no solamente en ciclos electorales.

Después de recorrer esos países estoy más convencido que nunca de que el desafío no es copiar modelos ni importar recetas. El desafío es construir acuerdos duraderos, fortalecer nuestras instituciones y recuperar la confianza.

Pero también es animarnos a incorporar herramientas que ya demostraron su valor en otras partes del mundo y adaptarlas a nuestra realidad. La interoperabilidad digital, los gemelos digitales urbanos, la inteligencia artificial aplicada a la gestión y la planificación estratégica de largo plazo no son objetivos en sí mismos. Son instrumentos para construir un Estado más eficiente, transparente y cercano a la gente.

Porque las ciudades que mejor funcionan no son necesariamente las que más recursos tienen. Son las que lograron que su sociedad confíe en sí misma, en sus instituciones y en el futuro que está construyendo.

¡Hagámoslo posible! 

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